Loncho



Me desperté tras una horrible pesadilla. Desde hacía noches que no soportaba aquellas imágenes nauseabundas, como propias de un infierno desconocido. El ser, de alma oscura, se paseaba por mi subconsciente con libertad, rompiendo cada pilar a su paso.

Incluso en la vigilia comencé a ensoñar, pequeños retazos aparecían ante mis ojos, como visiones del futuro que ocurrían en tan solo medio segundo. Y en aquel medio segundo ocurría toda una historia, que junto a las sensaciones se convertía en una vida entera.

Esa noche, tras despertarme, vi la puerta del armario abierta y, de un gran bolso en su interior, colocado en el suelo, abandonado, comenzó a brotar sangre como si de una alcantarilla se tratase. La sangre llenó como un río la habitación y yo no me atemoricé, al contrario, comencé a sonreír grotescamente. Y así es como me convertí en lo que soy ahora.

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