Soy Escritor

Joel Guerrero

Escritor de Fantasía y Sci-Fi - Belleza de lo grotesco. Blog sobre literatura.

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febrero 04, 2019

El Vaso Roto

 

Amor que cae


La brisa de la mañana se hace ya demasiado pesada, en las neblinas del cielo veo el reflejo de un rostro que ya se ha dibujado y aun así sigo delineándolo, tratando de rescatar los resquicios de un mar muerto. Las palmeras de la playa, el horizonte lleno de sombrillas y la gente en la orilla, más allá de los rayos del sol se escucha el jolgorio. En el apartamento estoy yo, fumando un cigarrillo en el balcón a caladas lentas y suaves, esperando que algo de aquel paisaje veraniego se pegue a mis entrañas junto a aquel humo que me mata por dentro.

Los apartamentos en la zona son todos iguales, vestidos de blanco y esos cabellos de tejas pelirrojos, que conjuntan con los zapatos de las baldosas que te llevan desde la puerta principal al paseo. En las alturas siempre se decoran con radiocasetes, un par de tumbonas y unos alemanes al sol. Los vecinos, en su mayoría, son extranjeros, pero siempre se ofrece un saludo a la distancia. Se ponen rojos, en la playa, y morados en los chiringuitos. Nuestro apartamento es posiblemente uno de los más pequeños, el balcón tiene vistas de la playa y de la calzada que te lleva a la plaza del pueblo, y aquí me quedo todos los días mirando como paso de un cigarro a otro, sintiendo un invierno creciente en mi alma, percibiéndolo todo como una obra visual en la que jamás participo.

La casa es oscura, demasiado pequeña para ambos. Un salón-comedor-cocina que solo se separa entre baño y dormitorio. Lo único que se puede permitir una joven pareja. En las mañanas como aquella no se ve más que un translúcido rayo amarillo que desgarra las cortinas y dentro, como una cueva, son todo sombras que se proyectan. De la puerta más oscura surge él con su piel vestida, ignorando mis cavilaciones con una estrategia estudiada. Me he despedido de la luna, todavía recuerdo las noches en las que todo era brujería y ahora solo una navegación solitaria entre quimeras acuáticas. Aquellos días en los que se conectaban nuestras estrellas, ya han cesado. Hace mucho que no hay luna llena.

A veces pienso que las mañanas son como una carrera, una maratón de aquellas largas en las que tienes que recuperar fuerzas para la meta. Es un largo camino de montaña, hay cuestas escarpadas y tanto si las escalas como si las bajas son complicadas. Y todos los días lo mismo, al final es como un constante sabor de boca, como huevos fritos y bacon cada desayuno, cómo beber siempre un vaso de agua. No merece la pena llegar a la meta y la noche se hace todavía más intensa, aunque intentamos hacer juegos de palabras en conversaciones vacías nos pueden las horas del día.

Él está haciéndose un café, le digo que me haga uno y apenas me mira. Admito que es ese mal humor del despertar, ese vivir todavía entre desgracias oníricas y sin embargo lo peor es despertar y echarlas de menos, enfrentarse a la realidad ineludible, desear que este fuera el sueño. Y las opciones que quedan, las decisiones tomadas son erróneas, pero el andar continua sin un preguntarse. Se suceden los días, tan estables que aburren, y quizá es cierto que se busca la chispa de un drama para animar la esencia humana. La cafetera silva a mi espalda, el cigarrillo se consume en mi mano, las nubes ya se apartan.

El esfuerzo no puede combatir al hastío, ahora todo lo que toca se difumina, el gris de su rostro observa ningún horizonte salvo el suyo propio y yo sé qué en aquella sonrisa escondida se debaten demasiados recuerdos, y no siempre son buenos. Le da la mano a aquello que le quema, y en invierno es calidez, en verano abrasa, nos desgasta, por aquello que no dejamos ir cuando tocaba. Y su piel cae a jirones. Nos sentamos uno frente a otro, tomando sorbos sonoros en la oscuridad de la sala.

Sus caricias son como el mover de la cucharilla en las aguas oscuras, y nuestros ojos ya no se miran cuando nos abrazamos mutuamente, son miradas frías. Ya no se echa azúcar, es todo veneno, lo prefiere puro para saciar su alma seca. La conversación, de la misma ralea, vacía, pero no se siente incómoda, pues es peor pronunciar palabra y ver sus labios en un movimiento rendido. Mi mano se acerca a la suya, en un intento de algo, inútil pues se aleja y vuelve a coger su taza para salir hacia el dormitorio. Supongo que ha vestirse, pues aquí ya no le queda nada. Y me pregunto si simplemente fue el tiempo que lo caducó todo o debí hacer algo que jamás cumplí.

Temerosos de aquella verdad, paralizados por la coherencia en un mundo inverosímil que nos pide locuras, y creer que las acciones no valen nada es ser vencido. No soy un engranaje más, pero mis tuercas ya están rotas y nadie quiere arreglarlas, y el aceite negro se cae por las esquinas de esta máquina deformada. ¿Se enfría el café o es que ya no tienes ganas? O es la inercia la que te hace seguir bebiendo. Por muchos intentos que haga no puedo sacar aquello que sé que resguarda.

Y hubo un momento en el que fuimos un ente único, una mente compartida, donde todo eran sonrisas, y mientras pueda me aferraré a esas memorias que sé que ya se rompen de tanto estirarlas, y lo peor de la noche es la confesión, reconocer que el amor se acaba. Pero en cada mirada que compartimos aún existe esa chispa, una complicidad que nos rescata, y no sé si morir por ello o vivir en otro contexto, pero, ¿soy acaso esclavo de esa esperanza? De ese sueño que nunca se cumple, del destino que nunca nos deja. Intento comprender, entre los huesos de los muertos no predigo nada, porque eres al único al que no puedo ver, no puedo ver nada. Y contra más me digo que dejo de amarte, más me niego a abandonarlo, vuelve con más fuerza. El último intento del que se ahoga, la última pataleta en las aguas, el último socorro y no se ve la orilla.

Sin embargo está tan cerca, y no podemos tocarla, es todo un camino equivocado que no elegimos, sino que nos puso la vida, y ella nos lo quita, quizá siendo indignos de esta pasión divina que se nos caducó hace tiempo. Creo que algo debe suceder, un sacrificio que lo cambie todo, pero nadie parece dar el paso, nadie parece tener las agallas de abandonar ni de avanzar al ocaso. Es una eterna espera, y por eso odio tanto el cuatro. Colgado de mis propias entrañas, que llevan tu nombre, solo existo en tu eco y por ello todo es tan difícil.

¿Una tregua, hados crueles? ¿Una señal que me haga virar en esta encrucijada? Para que mentirme, si jamás podré pronunciar la despedida, a pesar de que todo se pierda, se pierde en la superficie, y la vasija es solo piel mojada. No te amaré tanto como ayer, porque hoy te amo más todavía, en ese extrañar que parece que es un estado eterno. Pareces leerme la mente mientras el café pasa de mano a mano, y ya no lo bebes. Lavo los platos, el jabón hace espuma y lleno mis manos, la pila, el plato negro se vuelve blanco, y luego el agua que lo limpia todo. Con el pañuelo lo seco hasta que no queda ni una sola gota, y un vaso le sustituye, siguiendo el mismo ritual y secándose en mi paño. Y sin usar aquella memoria, pues está ocupada en aquellos pasos que no he dado o los que he dado demasiado. En este momento un pensamiento recorre mi cabeza, es demasiado nefasto, el vaso en vez de caer al armario cae sobre la encimera, tropieza y se rompe contra el suelo. No parece accidental en aquel estado mañanero, tan sin fuerzas de un domingo. El vaso en el suelo, se recogen los trozos y caen mis lágrimas, desconsolado me agacho mientras tú sales al balcón a fumar un cigarrillo.

Procuro no hacer ninguna herida, pero supongo que es demasiado tarde, aunque no corre la sangre por mis manos. Pedazos de algo que jamás se ha recompuesto y otro vaso más que se va la basura de las veces que he errado, por no haber podido dar marcha atrás, quizá estar más atento a lo que hacía, dejar el vaso en otra parte, que mis manos lo aseguraran con fuerza, fiarme de que caía seguro en la superficie blanca de la madera, pero no, otro vaso cayó al suelo. Él se fuma las neblinas del cielo que tanto me hostigan.

Relación rota


Creía que aquella vez todo se había acabado, desde el balcón solo se observaba un amanecer tan brillante que deslumbraba, en aquellas nubes desaparecían y volvían a aparecer en un mar bravo de luminarias. Me resultaba extraño, pero sentía que todavía podía ver las estrellas y en el aire noté su frescor a pesar de que la caricia del sol era dura. El horizonte se presentaba claro, la espesura urbana no era tan decadente como otros días. Entré de nuevo en la casa y ya no estaban los trozos del vaso roto, ni él tampoco, había ignorado más de la cuenta y aquello roto pasó por mis oídos y salió de la misma forma. De él solo quedó una gota de su incienso que quemaba todas mis mañanas.

Sus rarezas ya no me asombraban, pero últimamente comenzaron a apagarse todas las velas que me iluminaban el camino de sus respuestas y ya no encuentro nada, no supe hacia dónde dirigirme. Quizá es el verano que estresa, pero por alguna razón en aquellos cristales rotos vi una revelación del destino. Un eco que me proclamaba que nunca era demasiado tarde. Fui a la habitación con un tono distinto, pero él estaba sobre la cama junto a una maleta, mirando hacia una pequeña ventana que no daba a ninguna parte. Mi rostro se paralizó al instante y no pude decir nada, era como si ya se hubiera ido y estuviera ante un espectro de la memoria. Hoy todavía me arrepiento de aquella conducta que se rindió antes de intentar nada, pero es que aquellos ojos extraños ya no brillaban en mi presencia, eran dos cuencas vacías, y yo no podía llenarlas.

Se marchó sin decir nada, no le pregunté a donde iría, debería haberle dicho que yo me debía ir, no él, que era culpa mía. Eso suponía. Y la distancia no arregló nada, la puerta se cerró tras su figura y no volví a verle. Se dejó algunas cosas, pero no cogía mis llamadas y yo anclado en aquel limbo tedioso. Su rostro en el último adiós, lo recordaba más bello que nunca, como aquella meta inalcanzable tan anhelada, un amor platónico.  Y sin embargo, seguía sin sentir nada, era una mezcla de antítesis. Porque aún no me decidía, si aquello era amor o un flechazo que había terminado de sangrar. Desde que se fue, eso sí, nunca más se volvió a romper un vaso, pero ¿a qué precio? ¿Intercambiado por un aburrimiento? Una vida sin colores, pues los ponía el todos, eran suyos. Contra más pensaba, más me cercioraba de que me había equivocado, pero tarde. El ego recompuesto que ya no se agacha.

Paso un año y yo me fui de la playa, pues ya no podía permitirme vivir allí. Y quizá no era el dinero sino los recuerdos. Volví a la ciudad y un trabajo de sol a sol me mantenía los días. Compraba leche, por alguna razón no podía parar de beberla y siempre escaseaba en mi apartamento. Seis cajas serían suficientes, por el momento. La ciudad era un lugar sombrío, quizá más acorde a mi nueva vida solitaria, pero así como le echaba de menos a él, añoraba la playa el sol y la despreocupación de los días de verano. La cajera del supermercado pasó la leche, pagué y marché de allí con el mismo rostro desubicado, como si yo ya no tuviera un lugar en el mundo. Porque el único mundo que tenía lo perdí.

De camino a casa estuve esperando una señal, pero nada llegaba, llevaba un año esperando aquel mensaje divino. Nunca había mensajes ni señas, porque quizá no dependía del destino, sino de mí. Miraba a cada esquina esperando encontrarle, en alguna parte que hubiera olvidado, y no había nada más que vacío. El destino nunca me sonreía. Al llegar casa seguí con mi rutina, pero no podía olvidarme de aquel sentido descubierto: ¿por qué había esperado una señal? ¿Significaba eso que todavía le quería? Y pensé en el tiempo perdido, ya no quedaba más arena. Cogí el móvil frente al televisor apagado, una llamada y el tono de espera. Tres tonos, seis tonos, nueve tonos. Sin respuesta. El destino quizá no había enviado nada porque así era mejor, esto era lo correcto. Pero llamé otra vez, otros nueve tonos.

—¿Dígame?

—Hola, soy yo.

Y no hizo falta otra explicación, sabía perfectamente quién era antes de descolgar el teléfono. No quiso hablar, prefería que nos viéramos, ambos vivíamos todavía en la misma ciudad, él en un pueblo cercano. Le invité a mi casa, él vivía con sus padres. No quería más esperas, así que me dijo que vendría enseguida, y el estómago dio un vuelco. Aunque pareciera tan cercana su visita, era como si fuera a esperar mil años, mil eternidades en un asiento frente a las puertas del inframundo. Como si aquella media hora necesitara de la paciencia más potente. A pesar de aquel año sin señales ni llamadas.

Alguien llamó a la puerta y casi no fui capaz de abrirla, pero ahí estaba él con su esplendorosa aura, casi mágica. La parálisis embrujó nuestro cuerpo, nos miramos fijamente durante unos segundos larguísimos, entró cuando le hice un gesto de cortesía y la puerta se cerró tras él. El recuerdo volvió a la memoria, parecía que de ambos, pues una tristeza nació en sus ojos que ya brillaban de nuevo. Y le abracé, aunque no lo hubiera pedido, al menos con palabras.

enero 24, 2019

Rojo y Negro - Querido Sorel


Julien Sorel es el protagonista principal de la obra y proviene de la familia pobre vive en las afueras de la ciudad y se aprende un libro de memoria que es la Biblia. Se adentra en una subida de estatus que acaba en una terrible caída, atravesamos la vida de Sorel entre amoríos imposibles y metas inalcanzables. El género de esta novela es el Bildungsroman, conocido en español como novela de aprendizaje, aunque también se considera novela psicológica. La trama sucede en la Francia de 1820.

Una trama lenta, a veces asfixiante, muy de la época, a veces aburrida. Tienes que leer con calma, no precipitarte, no es una lectura rápida, Seguramente no guste a muchos, seguramente no te guste mientras la leas, pero acabarás encandilado al leer la última página. Es un presagio. Las movidas políticas de Francia es lo que más me ha aburrido, es un libro largo y tedioso, pero merece la pena, quién lo iba a decir. Eso sí, por su portada esperaba algo más siniestro, pero Rojo y Negro no decepciona, para lectores que tienen paciencia desde luego.

Autor y estilo

Stendhal era un Francés amante del arte (véase síndrome de Stendhal para su curiosidad), perteneciente a la corriente del realismo, se consideraba a si mismo ateo. Se le reconoce por su análisis psicológico que hace de los personajes de sus novelas. He de decir que se nota bastante que esta obra es realista, ya que cuesta muchísimo de leer. A mí, personalmente, el realismo no me entusiasma.

Una sensibilidad intensa, unas descripciones de las emociones humanas casi a la perfección, el romanticismo, la desesperación, el fracaso y la depresión. Stendhal no deja indiferente a nadie, a pesar de su posible pesada lectura merece la pena darle una oportunidad simplemente por la maravilla de personajes que crea.

La lectura es algo lenta, ya que la obra mezcla asuntos políticos, además de que Stendhal trata de narrar toda la vida de personaje, con el mayor lujo de detalles, y algunos no son tan interesantes. Pero es necesario pasar por el seminario del protagonista para conocer su desazón y como de miserable se siente en su soledad casi autoimpuesta. El recorrido que nos hace el autor por su vida acaba por convertirnos, apiadándonos de aquel personaje, Julien Sorel, que tan hipócrita es y a su vez tan simpático. Hablaremos de él a continuación.

Análisis del Protagonista


La pretensión de Julien es convertirse en una especie de Napoleón que cambie el curso de los acontecimientos de su historia, quiere ser un líder, un guerrero, pero a causa de su humilde cuna, cómo se dice en la novela, no puede permitírselo. Así que decide llevar una vida de hipocresías para llegar hasta su objetivo.

El problema es que Julien Sorel detesta está hipocresía en la que vive y se debate constantemente entre sus objetivos y sus ideales. Es un personaje que se critica a si mismo constantemente como hipócrita, tanto el personaje como el narrador lo tildan con dicha tara, y sin embargo es el personaje más fiel a sí mismo de toda la obra. De hecho podemos decir que es casi hasta un héroe, que al final vence el yo, triunfan los ideales por delante de la avaricia y el éxito.

A pesar de ser un personaje polémico, presenciamos su ascensión y caída, acabamos cogiéndole cariño e incluso tememos por su vida, le compadecemos cuando está a punto de caer, porque vemos su triunfo tan cerca, pero su destino estaba ya escrito. Y a pesar de ser una caída, no es una completa derrota, sino que muere de pie, victorioso, ya que Sorel tiene la oportunidad de salvarse si sigue el camino de la hipocresía, si continúa con su plan hasta el final, pero decide morir con honor. Este es uno de los momentos más importantes para mí, pues Sorel prácticamente se suicida por sus ideales, ya no quiere ser un falso, no quiere ser una sombra, quiere ser algo real.


También es verdad que Julien sufre mucho durante su vida, que está cansado de luchar (y sin embargo nunca se rinde salvo al final, pero solo por sí mismo). Me recuerda mucho a un Piscis en eterna hipersensibilidad, con un sufrimiento constante. Se preocupa de manera obsesiva por todo lo que le ocurre, tiene una manera tan profunda de pensar que la mínima cosa que obra puede ser un error, quizá un gesto de más les dio una impresión negativa a sus semejantes y la opinión de los demás es su droga principal. No vive, pues tiene miedo de todo lo que le rodea, de las críticas, miedo al fracaso, basa su felicidad en lo que piensen las terceras personas y Francia es dominada por una hipocresía que imposibilita cualquier grado de satisfacción.

Todos, quizá los que somos honestos, pero quiero pensar que todos y cada uno de nosotros, nos sentimos identificados en parte con esta historia. La asfixia de vivir en un mundo plagado de mentiras, donde todo son mímesis de otros rostros y todos llevan solo una máscara, donde has de fingir en constancia, y eso es cansado, es una vida dura. Ocultas tus emociones, porque todos son velos, capas de una cebolla, y contra más luchas contra él más te aíslan, eres un loco que dice verdades, pero por esa necesidad de sociabilizar te destruyes, te vendes a aquel mundo de sombras, y cuando te miras al espejo no ves nada. Y te gustaría que todos te hablaran, con sinceridad, que alguien decidiera descansar de aquel rostro comprado y te dijera: sí, estoy cansado de esta vida, cambiemos las cosas. Pero nunca sucede, porque ellos temerán vivir, sí, pero temen todavía más las críticas, el rechazo. Temen a la sociedad.

Este es el mundo en el que vivimos, el universo de Rojo y Negro, la hipócrita Francia de 1820, donde importan las apariencias y las riquezas, aunque sean tan solo dibujos en una imaginación imprecisa. Donde el amor de un Sorel enamorado es un suicidio social. ¿Si todos tenemos tantas ganas de quitarnos esta piel que llevamos como disfraz, día a día, por qué nadie da el paso? Porque seguimos torturando almas marchitas, atrapadas en un cajón demasiado pequeño. Suponemos que nadie tiene la respuesta.

En esencia, da mucha pena darse cuenta, al final de la obra, como Sorel ha desperdiciado su vida en preocupaciones innecesarias. Cómo podría haber sido más feliz si se hubiera despejado un poco de aquellos espectros que acechaban su cabeza, porque era una preocupación constante, un qué pensarán, un qué dirán, un y si esto ha destruido mi carrera. Y estas nimiedades no eran nada, eran una gota más de azufre en un océano ya empantanado. ¿Cuántos pensamientos tóxicos tendremos día a día que nos matan poco a poco? ¿Cuántos de nosotros seremos un Julien Sorel, dejándonos canibalizar por un mundo hipócrita?




Un personaje con una sensibilidad intensa, que vive el amor de una manera un poco egoísta ya que parece que no le importan las barreras que pueda encontrarse, ya sea un marido o diferencias de clase va a por aquello a lo que ama y evidentemente sufre más que nadie porque esa emoción tan profunda que posee le impide dedicarse a su verdadero objetivo, que es triunfar en la vida.

Sorel es un ejemplo perfecto para todas aquellas personas que viven en preocupaciones constantes, es una especie de catarsis para aquellos que no se dan cuenta de que realmente están desperdiciando su vida, las cosas son más sencillas de lo nos instamos a creer, cambiar algo imposible y estático solo genera ansiedad, y es esa impaciencia, esa imposición frente a la montaña, lo que nos arruina el espíritu. Sorel es esa persona que muere sin haber vivido por miedo y una vez en lecho de muerte se da cuenta de lo que ha perdido tantas oportunidades por un sentimiento tan intenso de vergüenza, de humillación, de inferioridad.

Una cosa que nos puede enseñar Julien Sorel es a relajarnos, a pensar menos las cosas, a encontrar lo que deseamos sin descanso, sin miedo del qué dirán, teniendo confianza en uno mismo sabiendo que lograremos el propósito, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida y tener siempre una sonrisa.

Y si todo esto te es imposible, por tu personalidad o por cualquier otra cosa, Sorel también nos da una enseñanza, otro camino: muere de pie, nunca de rodillas. Se fiel a lo que piensas, en el último momento, aunque hayas llevado una vida de hipocresía y de sinvergüencería, lo que importa son las intenciones finales. La enseñanza de una existencia. Quizá por eso estas novelas se llaman de aprendizaje, porque nos enseñan muchas cosas ocultas de nuestros interiores.


Oda a un Sorel

En cada reacción encuentras una tragedia, son demonios que acechan, todo es un problema y nunca ves soluciones. El amor a veces te alivia de aquella vida que te ha torturado tanto, pero como no puedes perdonarte de aquellas cosas que no tienes culpa, que están fuera de tu control, como tu nacimiento, tu familia o los pensamientos de la sociedad, sufres, expiras en vida.

Todo parece querer controlarlo con su dedo y no puede, y esto le frustra, por lo tanto a veces se queda paralizado, quieto, y muere con miedo. Pasa enormes temporadas depresivo, en la soledad más absoluta, porque no ve que dentro de aquella hipocresía social pueda haber un resquicio de verdad, una luz que ofrezca confianza, teme tanto que no se arriesga. Y cree que se le castiga porque lo merece, no intenta nada en absoluto, sino que se martiriza constantemente más incluso que aquellos que dice que le odian.

Y sí, nació pobre con pretensiones enormes de riqueza, se encontró con tantos obstáculos que todos le parecieron montañas, el amor nunca le resulta y se marchita, las piedras son ingentes en su camino, la gente le odia por esa singular carisma y ese brillo especial que poseen sus ojos, los de las personas con un don para esta vida. Y sin embargo, no ve nada bueno, la suerte que ha tenido en encontrar el amor, la suerte de haber podido encontrar un trabajo decente y una buena familia. Todo es negativo, porque sus metas son tan altas que nunca está satisfecho, pero lo peor de él es su complejo de inferioridad por aquel nacimiento en el fango, y nunca se lo perdona a sí mismo. Como si fuera el mayor error de la historia.

Tratará siempre de cambiar el curso del agua, obsesionado por aquellos pensamientos mezquinos que le consumen, sin vivir en absoluto, encerrado en sí mismo y con tanta sensibilidad en su corazón, con tantas ganas de mostrarse al mundo. Y temo que acabes como él, muriendo sin haber vivido, sacrificándote por unas ideas que por nobles no te convienen, porque aunque el mundo sea hipócrita tú puedes jugar su juego. Y ganar. Pero antes debes perdonarte.


 

Conclusión

Hace tiempo que lo pienso, que me di cuenta, soy un Sorel luchador, alejado de aquellos que me rodean, detestado por la muchedumbre, y no sé si es por aquel brillo especial que dicen en la novela o por otras razones que, al ser mías, no puedo verlas. Pero, hay una solución a esta diatriba, ser un hipócrita. Y no por ganancias, no por éxitos, no por oro y plata, sino por sobrevivir a un enemigo indefinido. Por demostrarnos qué, por muchas máscaras que portemos en este cuerpo, por tantos avatares que vistamos, siempre habrá una verdad inquebrantable, un paraíso honesto bajo nuestra alma, esperando a explotar cuando todos se enamoren de nosotros.

Así que no, no quiero ser un Sorel que caiga por su incapacidad, por su depresión congénita, por su piscis preocupado; quiero ser un luchador, una serpiente, un traidor si hace falta, porque en un mundo de hipócritas solo se aprecian las mentiras. Pues alguien deberá mentir, para ser el rey de las mismas, y destronarlas una vez esté en la cima. Espero que esta conclusión se entienda, que a partir de ahora seré la persona más hipócrita que exista, pero, por dentro, seré tan solo un pobre Sorel temeroso de la vida.

enero 14, 2019

Poesia 1 [Agujero Negro]


No conmueves, hay frío.
No me llego a comprender,
Cuando no quiero callar.
Si no te sé, me sé completo.
Si te sé entero, no me sé.
¿Llegué un día a existir,
El vulgo me creó?

Hay frío, pero puedo,
Si quisiera,
Si conviene,
Sentir, llorar,
Ser blanco.
¿Sabes ya quién soy?
Sin piernas me arrastro.

Si se mueve el caballo,
Destruirá todo.
Si se mueve el caballo,
Abrirás tus párpados.
Si se mueve el caballo,
El eterno será blanco.
Si lo destruye todo,
Volveré a pintarlo de negro.

enero 03, 2019

Micro de Navidad - EyL



En la oscuridad de un solsticio de invierno se abre una puerta y llena todo con su tristeza, el comienzo parece tan lejano y la vida tan lenta. Las velas no iluminan lo suficiente para paliar ese negro que recorre la habitación como un alma infecciosa y tras la cortina roja sus brazos de ramas asoman. De sus sienes brota sangre y así se forma su corona.

La casa no son luces, sino sombras. El árbol decorado es un estridente castigo y las raíces son mis piernas que llegan hasta el inframundo anclándome a una existencia mezquina. Se para frente a mí con solemne miseria, chorrea aquellos ríos profundos y dolor, pero sus ojos me ciegan con aquella luz blanca que atraviesa cualquier planeta, astro o dimensión.

Me agarra la mano, nos acercamos a aquel árbol verde, rojo, dorado, que tanto odio. Una pequeña bola cae en mis manos, preciosa manzana, y al caer al suelo se desprende el árbol, como si aquella pieza fuera indispensable en su estabilidad. La decoración cae, se diluye como lágrimas en el suelo, y con ella la habitación, las paredes y sus cuadros, el suelo de madera, los muebles viejos. Todo muere y se destruye. Ambos bajamos las escaleras mientras el mundo se acaba tras nuestros pasos.

La ciudad entera se está derritiendo, pero a mí ya no me importa, solo deseo hundirme en la tierra y que todo sea fuego. El único árbol que yo quería se pudrió hace tiempo y por eso esta navidad es tan distinta. Siempre habrá un invierno triste, una memoria intensa, por muchos mundos que cesen lo encontrarás en mi alma. Aquel vacío de mi interior que nadie se atreve a mirar.

diciembre 11, 2018

Crítica Vehemente: Dean Koontz, ¿qué te pasa?



Dean Koontz es el autor de la novela que leí hace poco, "Relámpagos". Un poquito desastre, en mi opinión. Dean parece un autor prolífico que escribe decentemente, aunque no reluce absolutamente nada, y con nada me refiero literalmente a nada, en al menos esta novela. No puedo hablar con generalismos, pero Dean, para mí es un no.


Relámpagos nos habla de la vida de una muchacha cuyos acontecimientos catastróficos tienen siempre relación con los dichos relámpagos. Al final de la trama vamos viendo como las dos partes de la historia, aparentemente distantes, se van entrelazando hasta tener una conexión evidente. Aunque no hay que tener muchas luces para darse cuenta.Comienza contándonos la vida de la por aquel entonces niña hasta hacerse una adulta y enfrentarse a aquellos que parecen trastocar su vida constantemente.

Primer problema: ¿dónde están las emociones?


Parece ser que los personajes de Koontz son reptilianos, porque tienen menos emociones que una silla astillada. ¿Qué el padre muere? Pues nada, la protagonista se da una palmadita en la espalda y pa'lante. ¿Qué se queda huérfana y va a un horfanato? Tampoco la verás demasiado triste. Koontz es incapaz de mostrar sentimientos y emociones más allá de la básica superficie. No me creo que un thriller tan dramático como este tenga unas páginas tan insipidas, debería ahogarme con mis propias lágrimas al leer la vida de esta muchacha, pero la realidad es que no me importa. De hecho la detesto.

Segundo problema: protagonista invisible ¿cuándo empatizamos con ella?


Laura Shane parece una chica maja, pero no te creas que me cae en gracia. Es un poco soberbia y parece soplársela mucho las desgracias de las personas que le rodean. No parece de fiar. Acabo la novela y lo único que puedo decir de Laura es que es escritora y aburrida, y que la vida al final siempre se le arregla por cosas del destino (que descubriremos en la novela). No empaticé con ella, ¿sabes por qué Dean? Porque no parece humana, no tiene sentimientos, no los muestra, no se muestra débil (débil de VERDAD). Es una herramienta, un personaje artificial, y se nota demasiado.

Tercer problema: Thriller malucho de sábado noche


Por favor, hasta yo sé escribir escenas más agobiantes y no he escrito thriller en mi vida. ¿Dónde está la tensión? Dios, admito que algo hay de eso en la novela, pero todo es demasiado masticado, no me vomites tanto en la boca. De hecho, una de las escenas más dramáticas y tensas de la historia es, sin duda alguna, la peor escrita para mí. El momento en el que muere el marido de Laura. No se podía haber escrito peor ni haciéndolo a propósito. Todo está demasiado diluido, hay tensión pero como la tendrías por la típica película de tarde que ves en Antena3, no tiene nada nuevo y nuevamente esas emociones inexistentes. ¡Por dios que está viendo a su marido morir!

Pero mi mayor decepción fue el final, de verdad esperaba algo novedoso, pero fue lo mismo de siempre, perdices y tal. La trama tenía algo potente, y es la originalidad del plottwist, los viajes en el tiempo desde el pasado, eso me impresionó y me gusto, pero la novela es lenta, la vida de Laura pasa desapercibida y aburre al lector porque ella NO nos interesa. Una buena idea se queda en algo poco apetecible por no saber ejecutarla como se debe. Y el caso es que prometía, al menos al leer el plottwist central, porque el principio es un poco infumable.

Además de este pequeño comentario, he reescrito la escena infame de la muerte del marido de la protagonista. Así es como, en mi opinión, podría haber funcionado.

Tiroteo arreglado por Joel Guerrero


La lluvia caía al suelo estrepitosamente y mientras yo acariciaba el suelo con mi mejilla pensaba que aquí aquellas lágrimas del cielo podían ser proyectiles. Todo ocurrió muy deprisa, pero a la vez muy despacio, como si el tiempo hubiera sufrido una gran paradoja. El silencio se adueñó de aquel momento, en apenas medio minuto de desesperación. Todo tan rápido, tan lento, eternidad en vilo, espada, pared, abismo, tensión y rendición interna. Mi visión distorsionada, aquella neblina ante mis retinas, porque yo mimetizaba a la lluvia. Matías estaba entre mis brazos paralizado, agarrándose a mi pecho, desgarrando mi camisa con sus pequeñitas manos y lo único ardiente que había en mi corazón era su llanto.

Un disparo, otro más, casquetes cayendo al suelo, gritos versados por mí, quizá por el enemigo o por aquel, elángel caído que había llegado a mi rescate. El olor de la pólvora, quizá incluso de sulfuro, una pestilencia a muerte, aquella que perseguía la Parca. Mis temblores y la parálisis de Matías, su mente vacía que parecía susurrarme. La batalla ahí fuera pasando a cámara lenta mientras mi corazón se aceleraba hasta el punto más álgido, creyendo que en cualquier momento ambos tiempos antitéticos se encontrarían, chocarían y provocarían un quásar de sentimientos fragmentados. Escuché un Carlos, una ráfaga de disparos y una caída, como si un meteorito se hubiera suicidado en la superficie del planeta y la vibración llegara hasta mis oídos, pero fue mi alma quién la sintió más cerca y ahí supe que todo había terminado, que aunque aquella lucha prosiguiera para mí yo no había nada, nada más que masacre y tristeza, un final escrito. Aquel cuerpo, qué pronto cayó delante de mí arrastrado por la nieve y la lluvia, la sangre creando ríos, su cuerpo creando suelo y bóveda, agua, tierra y sangre. Y Matías entre mi pecho ignoraba lo sucedido, yo que ya no tenía fuerzas, un sentimiento de inexistencia me embargo por completo, como si hubiera salido de mi propia carne, de aquel vestido que llamamos vasija o humano. Sentíame viajar y ver aquella escena desde lo alto del cielo, creando una disociación completa de mi ser, de mi situación, de mi dolor, de todo amor que me acompañaba, para aceptar una apatía que caía hasta el infierno.

Él comenzó a llorar intuyendo, quizá por aquel don tan maldito que nos habían dado, que su padre había muerto y en aquel instante volví, la respiración me demando a mi cuerpo. Le abrace con fuerza, le apreté contra mí como si quisiera que se fundiera conmigo. La melodía te alivia de la muerte solo durante un par de minutos, en aquella espera eterna que parecen horas, los suspiros, se te achica la garganta, se te mengua el corazón y, sobre todo, la esperanza se diluye con aquel Tigris de sangre y aquel Éufrates de nieve empolvada. Como un pastel de nata con virutas de casquillos de bala. Temí por aquel ángel, por aquel desconocido que había salvado mi desgracia, pero que el karma había sentenciado a un castigo, pues no hay nada más demoledor que el destino y el mío estaba escrito en terribles agonías. Porque todo empieza con una decisión tan trivial, con un no pasará nada, con un tenemos una vida por delante, con una felicidad innata, silenciosa pero intensa, e ignorante. Y en aquel momento se me plantearon tantas cuestiones, tantos caminos y encrucijadas que no me percaté de aquel ángel que había a mi lado herido y entre lágrimas, o quizá era la lluvia que se proyectaba en nosotros y como simples mimesis imitábamos su presencia. Me tendió la mano, cuando estuvimos fuera me abrazo durante un rato largo que podrían haber sido décadas. No dijo ni una sola palabra, seguramente porque no sabía qué decir, porque no había perdones suficientes en su alma, porque yo tampoco podría recibirlos ya que realmente no podía culparle. Porque había sido un destino, el karma, la humanidad e incluso podíamos culpar al diablo o a Dios por no hacer nada, por su eterna desidia hacia las desgracias mortales. La lluvia seguía cayendo pero pronto paró, sabiendo que había suficiente tormenta bajo nuestras pieles

A mí me temblaba el labio cada vez que intentaba pronunciar algo, porque quería reconfortarle y a la vez odiarle, dejarle unas cuantas palabras de rechazo, de aquella de violencia visceral que surgía del interior como magma ardiendo, pero no podía. Nos había salvado la vida, al menos a mí ya mi hijo. Cuando recuperó la compostura y sus heridas comenzaron a pesarle me prometió que volvería.

—No debes decirle esto a nadie —dijo él con una inquietud creciente—. No debes decirles que yo he estado aquí.

Entonces ya no habría esperanza, no habría bondades, yo no habría mañanas tranquilas dónde todo son risas, desayunos, tostadas con mantequilla y salidas veloces a responsabilidades vacías. No habría más que una leve melancolía, una sutil tristeza que colaría por cada uno de nuestros poros. No seríamos más que espectros viviendo una vida humana, sabiendo que la muerte ya nos había llegado hace mucho tiempo. Esperaríamos a algún acontecimiento que destruyera la tierra, porque en el fondo no hay valentía para continuar el camino ni para abandonarlo y adentrarse en el bosque sin sendero alguno. Solo habría miedo, culpabilidad, el alma destrozada, las noches de insomnio, la comida atascada en la garganta, como los sentimientos y los recuerdos que no pueden ser digeridos, y un sinfín de enfermedades que atacan más allá de lo físico y que se conectan a la fuente. Solo sentía decepción hacia mí mismo, porque había fallado algún tipo de promesa que jamás había pronunciado, la de proteger, la de no robar la felicidad terciada, la de quitar la maldición que me había sido dada desde el nacimiento, de que mi vida debía estar dedicada a un solo propósito que no fuera la banalidad mortal de las calcomanías que me rodeaban. La promesa que la había hecho mi hijo de que nada malo jamás le ocurriría, de qué mis intuiciones avisarían de una inminente peligro, de qué habría una larga vida sin contratiempos.

Y sin embargo él creía, como había hecho yo al ser un niño. Como la inocencia robada por el señor de las moscas, temía que a él le pasara lo mismo, que ese brillo en sus ojos desapareciera, que fuera un algo demasiado mío. Y ahí sí que sentí tremenda desdicha, porque habría sido mejor aniquilarle en aquel mismo instante, pero no tuve las agallas.

diciembre 04, 2018

Técnicas Creativas para escritores


Inspiración

Es cierto, crear es complicado, pero todavía más encontrar la pasión que desemboca en aquel tsunami de ideas. Porque bien sabemos que no es lo mismo escribir una novela que un relato, pero también dista mucho escribir algo que amas a escribir algo que consideras un matatiempos, algo que en realidad no te llena ni te despierta la chispa escritora, la vena pasional que hace que, como novela rosa, te enamores de tu escrito empedernidamente.

Porque eso es escribir, enamorarse de lo que escribes, de tu historia, de tus personajes; amar, odiar. Acumular toda emoción posible para plasmarla en el papel (o en el Documento de Word), indexar cada idea a una palabra, a una frase, a un párrafo, a un capítulo. Pero he de seros sincero, os enamoraréis menos de relatos que de novelas. Porque el amor es como un cocido, y escribir bien también. Se necesita tiempo para cocerlo, para que se cocine bien, primero le echas los ingredientes, esperas que hierva... poco a poco, sin prisas. Por esto mismo una novela será más fácil que nos conquiste, porque se hace la difícil, cuesta seducirla.

¿Cómo conseguir la inspiración necesaria? A veces no es lo qué cuentas, sino lo que quieres decir. Ahí está el truco de todo buen escritor, porque contar una historia de chico conoce a chica se ha contado tantas veces que vas a tener que añadirle un toque mágico. Tu toque personal y único. Esto se consigue con la intención, ¿por qué escribes este relato/novela? ¿Qué te mueve a ello, que fuerza cósmica?

Por ello lo primero será buscar qué queremos decir, una moraleja, filosofía final, una enseñanza. No todos los relatos o novelas han de tener este detalle, pero ayuda bastante y le dará algo especial a tu escrito. Por ejemplo, mi relato Sombras tiene como pretensión contar una historia real, para que la gente abra las puertas a lo paranormal; otro relato mío Enfermedad Fractal tiene una enseñanza más profunda, como la realidad es dual, a veces ilusoria, como los sentidos nos engañan, como los demonios pueden ser mentales o reales, como a veces es complicado distinguir sueño de realidad, mátrix de lo real. Y muchas enseñanzas se pueden fusionar en un mismo relato, pero has de tener una razón general, un objetivo principal.

¿De dónde saco mis historias?

Te voy a recomendar varios métodos. Todos bastante fáciles.

  1. A través de los sueños: escribe los sueños interesantes, extraños o extravagantes que tengas, te podrían servir para escribir buenas historias.
  2. Une dos objetos aparentemente sin relación: une una nevera y una invasión alienígena, o una goma de borrar y un asesinato. A través de palabras aleatorias puedes montar una historia.
  3. El Tarot u otro método de adivinación: el Tarot es el más visual, el más accesible para los no entendidos en materia. También hay muchos otros como la bola de cristal, el I-ching, Tarot egipcio, pero son quizá demasiado profundos y con matices más espirituales que mundanos. En el Tarot puedes usar los arcanos mayores o incluso los menores para ello y a través de sus significados (o tu interpretación personal) crear una historia.
  4. Escucha música e imagina una escena: como si fuera un videoclip, quizá a partir de ahí comience un nuevo relato. Muchas veces la letra nos dice algo, la música otro y, depende de nuestro estado de ánimo los sentidos cambian. Utiliza la música que tenga mensaje para inspirarte.
  5. Reinventa un cuento ya existente: coge una historia y dale la vuelta, escríbela a tu gusto o cambiando algunos detalles para darle un toque de diferencia, quizá de crítica. Un ejemplo es mi relato corto de El jardín del Edén. Puedes reinventar la caperucita o incluso un libro que ya existe, ¿por qué no Harry Potter? ¿Y ese relato de Cortazar que acabas de leer lo reescribes a tu manera? O puedes copiar la idea a modo de taller. También puedes coger escenas de novelas que estés leyendo y volver a escribirlas (tal y como tú crees que quedarían mejor).
  6. Copia lo existente: puedes simplemente copiar la estructura de una novela, copiar la plantilla básica de la misma para crear tu historia. Por ejemplo, podrías copiar la estructura de Edipo Rey; una ciudad con un problema, el rey trata de resolverlo, se embarca en una aventura y descubre que él es el culpable.
  7. Usa una imagen: coge una imagen que te parezca bonita y trata de darle una historia, es algo que yo suelo hacer. Plasma en un relato la historia que te transmite esa imagen.
  8. Pregúntale a alguien: ¿qué relato le gustaría leer? ¿Qué historia le interesaría?
  9. Inspírate leyendo: ¿quieres escribir relato corto? Lee a autores que escriban relatos cortos.
  10. El Azar: ¿quieres crear una historia y no sabes cómo empezar? Primero elige la temática, ¿terror, romántica, thriller, fantasía? Pónle un número a cada uno y tira un dado. ¿Mujer, hombre, alienígena, animal? ¡Vuelve a tirar los dados! Y así cada vez que tengas una duda, haz un relato al estilo dripping.

Visualización

Muchas veces nos cuesta visualizar el mundo que vamos a crear, tenemos los aspectos generales, pero ¿y los específicos? Para ayudarte a escribir una historia tienes que plasmar esas ideas en papel y para ello voy a darte unos consejos.

  • Imágenes que te inspiran: busca imágenes en internet (yo te recomiendo TUMBLR porque son de mejor calidad artística), imágenes de personas que se parezcan a tus personajes, de lugares o ambientes que podrías describir en tu novela, de objetos estrafalarios o curiosos que te atraen y te gustaría incluirlos. ¡Todo lo que tú quieras!
  • Mapas: dibuja mapas (en Photoshop, por ejemplo). Si vas a escribir una obra que sucede en un lugar de fantasía, es decir, en un lugar que no existe, te recomiendo dibujarte mapas para orientarte mejor por tu propio mundo. En caso de que sea un lugar real, por ejemplo Los Ángeles, te recomiendo mirar mapas de la ciudad, no hace falta que sea fidedigno pero quizá puede inspirarte.
  • Dibujos: si las imágenes no te ayudan, dibuja tú mismo a tus personajes y lugares, aunque no dibujes demasiado bien.

Detalles de un universo:

  1. Ambiente: es bueno que expliques un poco dónde sucede la historia, sobre todo si es un lugar inventado. Tampoco des detalles superfluos, pero unos pocos sí. Depende de si tu estilo conlleva grandes descripciones, las cuales a mi no me gustan, personalmente. ¿Sucede en una ciudad, en un pueblo, en otro planeta? ¿Tienen luz eléctrica o usan el fuego o la magia?
  2. El tiempo: a veces en las novelas el tiempo parece romperse, si tu novela trata el realismo y sucede en un lugar conocido, debes ceñirte a las medidas de tiempo conocidas. En cambio, si tu historia sucede en otro lugar desconocido, puedes inventarte normas nuevas para el tiempo, que vaya más lento o más deprisa. Esto es algo que no muchos se plantean, pero es muy importante tenerlo en cuenta.
  3. Política: ¿república, reino, imperio? ¿Dictadura, democracia, anarquía?
  4. Vestimenta: qué tipo de ropas usan, si existe la moral en cuanto a ropa recatada y demasiado "libertina", qué es bello y lujoso y qué se considera horrible y de pobres.
  5. Cultura y costumbres: ¿tienen cultura, cuál? ¿Qué costumbres tienen, tienen supersticiones, religión?
  6. Aspectos raciales: si creas una nueva raza, ¿tienen alguna característica que solo ellos como raza poseen? Como tener facilidad para cuidar las plantas.
  7. Aspectos básicos: ¿comen, trabajan, duermen, pueden morir? Qué tipo de seres son y cómo actúan.
  8. Sociedad: ¿hay clases o jerarquías? Puede haber ricos y pobres, puedes dividirlo según el origen de la persona (la nobleza) o según el trabajo (ganas más o menos dinero) o según las posesiones, o la vestimenta o lo que se te ocurra (si uno tiene magia y otros no).

Detalles de tu historia:



  1. Sujeto: el protagonista de tu historia.
  2. Destinador: lo que acciona la trama de la historia.
  3. Objeto: el objetivo del protagonista.
  4. Destinatario: a quién quiere ayudar.
  5. Adyuvante: quién está de su parte, quién ayuda al protagonista.
  6. Oponente: quién se le opone.
  7. Objetivo: mensaje que quieres dar como autor con esta obra.

Ejemplo:
  1. Sujeto: Carlos.
  2. Destinador: un accidente de coche.
  3. Objeto: volver a aprender a andar.
  4. Destinatario: a si mismo.
  5. Adyuvante: su mujer Carla.
  6. Oponente: su pasado, su propia mente, su enfermedad.
  7. Objetivo: todos podemos superarlos y curarnos de un mal pasado.

Sinopsis, hilo central y estructura:

Todos conocemos lo que es la sinopsis, en este caso debe ser algo que resuma la obra entera sin hacer spoilers, despertando el interés en el lector. Por lo tanto, ha de ser lo más corta posible y describir los aspectos más importantes de la obra.

El hilo central se divide en tres partes: nos basaremos en el ejemplo anterior.
  • Fundamentación: una caída no significa la muerte, no hay que rendirse.
  • Resumen: Carlos ha tenido un accidente, lo que le ha dejado en silla de ruedas. La rehabilitación no será únicamente física, sino mental, pues su pasado le persigue y descubrirá cosas de si mismo que hacia tiempo estaban ocultas.
  • Resumen en una frase: Carlos, tras un accidente, acaba en silla de ruedas y se enfrenta a una dura rehabilitación física y mental.
Ahora miremos la estructura de esta novela:
  • Carlos se acaba de casar con Carla > Carlos hace un viaje de trabajo a Madrid (causa1) > Accidente de coche (efecto1 y causa2)
  • Carlos está en rehabilitación (efecto2 y causa3) > Carlos se encuentra con su pasado (efecto3)
  • Carlos supera sus miedos y su problema (efecto2 final)

Muchas veces una causa tendrá varios efectos, como en este caso. Las tramas podrán ser más o menos complicadas a gusto del autor. Esto nos ayudará a visualizar la obra desde un punto más técnico y poder resolver los errores de trama. ¿No hay causas? ¿No hay resolución a la causa principal? ¿No hay efectos de alguna de las causas de la historia?

Imagina que Carlos de pronto está depresivo, ¿dónde está la causa? Esto es una forma simple de verlo, pero para explicarlo debemos hacerlo así. Si la causa la explicas luego, todo está correcto, pero las causas y efectos deben estar presentes.

Imagina otro caso, Carlos rompe con Carla pero no tienen efecto alguno. Carlos sigue su vida de forma normal. ¿No sería extraño? Debes cerrar el círculo y si alguna causa está solitaria o algún efecto está solitario, explicar o dejar caer por qué, no dejes nada al azar.


Manifestación

Aquí depende ya de cada uno, cada cuál tiene su estilo y su forma de contar historias, pero voy a dar un repaso a algunas cuestiones que yo me planteé al escribir mi novela:

Descripciones: ¿seguidas o en diálogos? A veces nos encontramos con un personaje nuevo y nos lo describen, en su totalidad, en ese mismo instante. Esto puede parecer algo automático y sin vida, yo recomiendo mezclar. Dar un toque de descripción, dejar que personajes lo describan, darle toques en otras escenas. A no ser que nuestro protagonista se fije especialmente en ese personaje, no hay razón para describirlo al completo. ¿Por qué se iba a fijar nuestro personaje en este en concreto?

Mapas: ¿describirlos o dejar que se cuenten solos? Muchas veces, para plantear el mundo nuevo (sobre todo si es inventado) debemos dar una imagen genérica del universo. En este caso, podemos explicar como está organizado el mapa. Aquí tenemos Cuenca, aquí Madrid. También podemos usar a personajes para que nos lo cuenten o dejar que las escenas de la obra, por sí solas, nos vayan descubriendo el camino.

Decir o mostrar: siempre mostrar, es mucho mejor. ¿Te crees de mi boca que Carlos es testarudo o te creerías más ver a Carlos mostrarse testarudo en una escena? Las escenas ayudan a empatizar con el personaje, nuestras palabras mucho menos. Y esto se conecta no solo con personajes, sino con detalles del universo, ¿decir que tienen cerveza o mostrar que tienen cerveza? Podrías hacer una lista de cuantas bebidas o comidas tienen, o puedes hacer que un personaje se pida una pinta.

Batallas y guerras: sin duda lo más difícil, pasan mil cosas a la vez y no sabes en qué centrarte. Focalizate en un personaje y síguele durante la batalla, ves saltando en ocasiones a otros, para contar como va la batalla de forma general. Siempre cuenta lo importante, lo que cause efectos. Muchos autores optan por descripciones generales, sin focalizar en nadie, diciendo que "miles de flechas caían, escudos sonaban contra espadas, cabezas rodaban en el suelo, sangre corría". De este modo damos una visión de pájaro de toda la batalla, pero queda más vacío ya que no nos centramos en ningún personaje y no nos metemos en su piel, no empatizamos ni mostramos su camino.


En resumen, nada de lo que hagas está mal propiamente dicho, tú tienes tu estilo y tu forma de ser como escritor. ¿Qué consejos nos darías tú? Y como última ayuda, cuatro puntos que siempre tengo delante antes de escribir algo:
  1. Muestra, no cuentes.
  2. No repitas palabras.
  3. No maluses los adverbios y adjetivos.
  4. Crea el ambiente.

noviembre 26, 2018

"Génesis de lo Oculto" mi nueva novela

Satán está aquí y quiere contarte su versión




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Sinopsis


¿Qué pasaría si nos hubiéramos equivocado? Mejor dicho, ¿si nos hubieran engañado? ¿Y si en el trono celestial hay un demonio y en el infierno hay un Dios caído? Ahora, enfoquémoslo de otra manera: ¿Y si Lucifer es un salvador de almas y Dios un dictador? Esta es la historia de Lucifer, su caída y las razones de su desobediencia. El diablo está aquí y quiere contar su versión.

Los enigmáticos Reptilianos acechan con su guerra, Lucifer despierta como un héroe y caudillo de los soldados celestiales, sin embargo, la visión que tiene Lucifer del mundo y la que tiene Dios son muy distintas. En una sociedad llena de moral y normas Lucifer es la voz de una libertad rebelde que escasea en su hogar Orión. No siempre lo ilegal es lo incorrecto, a veces Dios también se equivoca.

El protagonista se debatirá entre sus principios y su amor por Yahveh. El paraíso de los Elohim irá deteriorándose junto a la relación de los amantes, para convertirse en un infierno cuando se desata la revolución. Su amada acabó convirtiéndose en su peor enemiga.
 

Entrevista en "El Periodic" por Fran Raga.



Presentación del libro, jueves 22.

 

Muy agradecido por toda la gente que acudió, por la gente que compró el libro. Gracias al Casino de Agricultura por ceder el espacio y en especial a Yuri Aguilar por hacer esto posible. También a Antonio Contreras por ayudar en esto y más, gracias es poco. Gracias también a Miguel Ángel, el editor de multiverso y a la editorial.

La presentación fue genial, hubo un dialogo fluido, preguntas y mucha expectación. La gente se quedó con ganas de más y eso es lo importante. Primera presentación, para mí, un éxito. ¡Gracias a todos!
















octubre 23, 2018

Crítica vehemente: odio a Orson Scott Card



Uno de los autores más leídos de mi padre va y es mi autor más detestado. Bueno miento, les tengo más tirria a otros que no nombraré ahora, hagamos enemigos poco a poco. Tampoco es que le odie, pero digamos que bien no nos caemos. No NOS caemos, porque estoy seguro de que después de esto, si algún día lo lee, no entraré en su lista de amiguis. Orson Scott, ¡eres un aburrido de mierda!

Digamos que la novela de "El Juego de Ender" fue entretenida, tenía un plottwist interesante, no estuvo mal. Eso sí, simplista, pero no por ello malo. Sin embargo, al tratar de leerme más obras suyas he sido incapaz, la simpleza de su estilo y los clichés de sus obras me ahogan y tengo que decir basta. De un par de ellas no pude terminar de leer ni cien páginas del aburrimiento, no es capaz de engancharme ni por un segundo. Y el caso es que tiene buenas ideas,  muy buenas ideas para novelas, pero, en mi opinión, no las sabe ejecutar. Es un poco inepto.

Por ello, esta crítica es totalmente imparcial y subjetiva (si es que las otras fueron objetivas alguna vez), ya que realmente no he leído mucho de lo suyo, pero aun así confirmo que es un poquito mierda. Pero así, con amor, ¿eh?

De hecho su estilo me recuerda mucho a Christopher Paolini con su "Eragon", tened en cuenta que este hombre escribió la novela con 16 años. DIECISÉIS. No tengo nada más que añadir, señoría. Es como que no aporta nada nuevo, y lo que más me fastidia es su incapacidad para expresar emociones, todo es tan plano como una tabla de planchar, como la nota muerta en la pantalla de un electrocardiógrafo. Así, todo el rato, ¡chico, cúrratelo al menos!

Las tramas me aparecen demasiado forzadas en ocasiones, y en concreto terminé por cansarme cuando leía (o intentaba leer) Pathfinder. El protagonista pierde a su padre, pero como si se le hubiera caído el pan por el camino, un ¡Ay va! y para casa. Lo peor es cuando, en esta misma obra, el protagonista es acusado de dejar morir a un chaval pequeño y el padre está furioso, cosa entendible si las acusaciones tuvieran algún apoyo pero no es así, todos creen que ha sido él por la visión distorsionada de un niño; pero el caso es que más tarde el propio padre deja ir a su otro hijo (todavía vivo) con el protagonista supuestamente homicida. Y todo así, siempre.

Es demasiado juvenil para mi, y mira que Eragon me empezó a gustar (no terminé de leerlo por causas de la vida que no vienen al caso), quizá es simplemente que sí, detesto a Orson Scott Card con toda mi alma.