Soy Escritor

Joel Guerrero

Escritor de Fantasía y Sci-Fi - Belleza de lo grotesco. Blog sobre literatura.

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agosto 19, 2019

El Demonio Liberado



Nadie nunca reconoce esa sensación, y si lo hacen la ignoran, me mienten, porque se invoca tan fácil… solo hablar de ello, pensarlo y vuelve hacia ti de nuevo como las olas. Prefiero un abismo vacío que esa oscuridad llena, porque lo que te inquieta no es la penumbra, sino saber lo que se esconde en las sombras. Y no lo ves, pero lo sientes, es una punzada limpia. Basta con girarte y te atrapó con la mirada. Los que presumen de lógica sonríen como si la demencia fuera pura ignorancia, es la sugestión primitiva, y sin embargo todos temblamos cuando se apagan las luces y un ruido nos quiebra el descanso. Para mí esa oscuridad está llena de algo, lo que me inquieta es no saber ese algo qué es. Que aquel manto negro es su hogar y se mueven mejor en esos planos, pienso que si les dejo una gota de luz estaré a salvo, como una muralla de plomo entre dos mundos.


julio 24, 2019

La Manzana de Adán



Un deseo, el que ha pedido todo hombre en cada era de la historia, un don perdido que se busca desde los edenes. Una maldición mortal venida de los antiguos dioses. La vida eterna. Cuando mi primogenito murió aquella noche las sombras del averno se abrieron para dotarme de las virtudes prohibidas y un dragón con alas me concedió mis anhelos, no sin antes advertir a mi persona: "sea el hombre temporal por razones sabias, cuidado con lo que deseas".

Esperé años que me parecieron décadas, queriendo saborear cada gota de vida para admirar todavía más la muerte y cuando la parca llegó fue una liberación divina. En la tumba yacía mi cuerpo tieso, frío como el infierno congelado de Lucifer, pero algo no iba bien, mi alma no ascendía. Quizá era cuestión de tiempo, quizá había cola en la escalera celestial, y sentí como los gusanos arrancaban mi carne, como se descomponían mis órganos, huesos haciéndose polvo y solo oscuridad bajo tierra.

¿Cuánto pasó? Perdí la cuenta, pero permanezco aquí, entre polvo y partícula, atravesando las tierras húmedas, corriendo por las aguas subterráneas y las grietas, llegando a mares y océanos, y sí, supongo que fui inmortal. Que lo soy, seré, eternamente, sin ver más que el paraíso que hizo la casualidad cósmica. En este agujero de abismos de agua viajaré entre mundos, aunque no vea cielos ni ángeles, aunque no tiña arpas, tengo lo que quiero. Puede que debiera pensar antes de pedir mi deseo, pues por una obsesión insana tengo mi prisión atada al cuerpo. Y allí, en esos restos que soy y no me dejan volar libre, podrás encontrarme.






junio 26, 2019

Nunca he visto un amanecer



Cuando el sol sale por la mañana, me pregunto si algún día dejará de hacerlo. Si, por casualidad, algún extraño día, a las 6 p.m no se asomará el astro por mi horizonte. Entonces, ¿tendré yo que dejar de despertar? ¿Dormiré eternamente? Si este suceso tan bello dejara de ocurrir y yo no lo hubiera disfrutado lo suficiente... Porque jamás he visto un amanecer.

Ese día, aquel en el que el sol no vuelva a salir, lo querré ver, aquel lucero viajante, lo echaré de menos. Algo que jamás tuve, pero que estaba ahí, como una permanencia, una seguridad, un contrato firmado. No tenía que luchar para que naciera el sol cada mañana, porque él me lo regalaba sin exigencias ni deberes.

Tan asumido, tan descuidadas las pequeñas bellezas del planeta, que pasan desapercibidas porque nunca las perdemos. Pero un día, si ocurre, ¿qué harás? Buscar un sustituto que sabes no calentará igual, no te sentirá de la misma manera. Y el llanto, como la lluvia torrencial entonces.

Me pregunto, cada vez, cada mañana, cuando tendré el valor de ver un amanecer. Si descubrir mi amor o que jamás lo necesité. O descubrirme a mi mismo. O nada, pues. Ahora, dejadme dormir, que pronto amanecerá y mis ojos, todavía en duda, no sabrán qué hacer.

junio 12, 2019

El ángel de la Anunciación


El bosque era tan espeso que apenas se podía ver el exterior una vez penetrabas en él, era como una muralla inquebrantable, un portal hacia otro mundo separado por los pinos y arbustos, estos eran tan frondosos como la hierba que crecía de manera desigual en el deslinde del bosque, un círculo divisorio que evitaba pensarlo como mágico. Allí dentro la luz atravesaba ligeramente los árboles, lo suficiente para no quedarte completamente a oscuras, aunque pronto anochecería y yo no tenía miedo precisamente de aquel siniestro peligro, sino de la soledad temeraria.

Las ramas me agarran con sus brazos al pasar, y caigo en una brecha tan antigua que me recuerda que los pasos no se pueden borrar. Es una hipnosis eterna que domina mis ojos, que ya no ven más allá de su horizonte de expectativas. Y si no fuera por ellas, por esos pinos enormes, caería al suelo y me engulliría la tierra, pues mis piernas ya no responden y están llenas del barro que me conforma. Acarician mis mejillas, aquello me da ánimos, y por eso sigo hacia el centro del bosque, con la mirada perdida, cuencas obsesivas en un objetivo distante, y me pierdo más en mi laberinto que en el interior de la frondosidad verde. Porque conozco más las plantas, las rosas, las bayas venenosas, que los escondites de mis vísceras malditas.

¿Qué busco? Escurrirme en otro tiempo, en realidad quizá si quiero perderme, no me importa. No llevo nada que pueda localizarme, ni siquiera la documentación se supone necesaria, soy un abandonado en una isla desierta. Me pruebo sumiso frente a esta voluntad masoquista que quiere flagelar mi alma, escupiendo cada pedazo enquistado de aquella espalda magullada.

Mi mente se desdobla, porque escucho voces distintas, y cada una habla por si misma, quiere algo solo para ella. Corre, vuelve, muere, pero nunca se deciden, no hay síntesis ninguna. Y las ramas agarran mis voces como si fueran entidades solas, crucificándolas en sus troncos para que vea la sangre que emana. Y así sea más realista el dolor que olvidé que representaban.

El sol se esconde, se escabulle y me abandona, pero me sonríe mientras vuelve a su lecho hasta la mañana, donde Venus verá su propia caída. Sabe que debo hacerlo y yo ya no temo, aunque tiemblen mis piernas, pero es de caminar hacia aquel corazón derrumbado, el centro del bosque, donde no hay árboles, sino uno solo, y la explanada está vacía de incluso hierba. Hoy hay luna llena, y es una simple casualidad que se une a mi desgracia. Cuando cruzo el umbral de su corazón el bosque respira y me acerco a aquel manzano que nunca ha muerto, que siempre reina en aquel sitio inmaculado, dónde nadie ha mirado, nadie ha visto, y si lo han hecho todos han perecido en sus raíces internas.

El viaje no ha terminado, acaba de comenzar. Me siento frente a él, árbol y mortal, mirándole fijamente. El frío comienza a azotar mis huesos, una hoguera antigua sigue allí esperando a ser encendida, el encendedor que sabiamente me he traído me ayuda rápidamente en la tarea. El fuego, que se aleja del árbol por seguridad, supera la copa, que todavía no desborda. En aquella noche, el rojo es casi azul, o quizá son los ojos de mi alma que están cansados de caminatas y voces extrañas.

El conflicto de mi piel se extiende frente a ambos compañeros, fuego y manzano, me desato en confianza, y una luz aparece tras de mí, la veo reflejada en el suelo que es casi negro. Se disuelve el escepticismo y un ángel agarra mi hombro, nuestras miradas se juntan, un aura de bienestar invade mi mente, cada extremidad de mi cuerpo se eleva, y siento que puedo volar. Ya no toco el suelo, pero es algo más que aquello, es un amor indescriptible, nuestros ojos no se separan, me toca por dentro y solo roza mi hombro izquierdo. Y todo se desdibuja, ya no sé si es el árbol el que está en llamas azules o si es el fuego el que me dio las manzanas.

El ángel me sujeta frente a aquel abismo que me he creado, y el bosque se hace cada vez más pequeño, se crean caminos que antes no existían, y la luna se deshace en el firmamento. El corazón del bosque infértil se llena de flores y rocío, quizá soy yo el que llora. Pero, ¿me sigue sujetando? ¿Lo hará eternamente? Y me sonríe, como si supiera mis cuestiones sin verbo, dándome un beso, callando mis fuegos, pero sé que no estoy en el cielo.

Y las aguas se abren con sus labios sobre los míos. Será un río del bosque que se ha desbordado, porque siento que quiero correr pero mis piernas son arrastradas por aquella fuerza imparable del agua, que nunca se puede dominar por las tierras ni vientos. El ángel camina por las sendas, quiero seguirle pero me pesan las piernas, camino despacio, y es aquel trono de oro, de luces, es estrella reverberada por todo el bosque y cada árbol es un espejo, y mi alma ya no es noche, ya no hay luna llena. Despierto como un Venus sin desgracias, libero este fuego que estaba tan oculto en aquel corazón del bosque y el árbol de manzanas, allí, ya no hace falta.

El camino me lleva hacia las afueras, la luz del ángel se marcha, quizá es que ya ha cruzado la puerta, el umbral que separa las dos mitades de mis fuerzas. Los árboles se apartan, ya no me acarician ni me retrasan, y el agua se va quebrando, desaparece de mis pies, el barro es pesado pero puedo soportar aquella carga. Y cuando cruzo la linde del bosque mis pulmones gritan, están listos para saltar un acantilado, ya no hay luces divinas, pero siempre agradeceré a mi ángel de la anunciación, que me trajo las buenas nuevas que necesitaba, una voz clara en una oscuridad intensa.

mayo 28, 2019

¿Es Osiris Jesucristo? - Vol. 2

OSIRIS Y CRISTO: SIMILITUDES

 JUEZ DEL JUICIO FINAL

Es el dios que preside el Tribunal del juicio del alma y emite el veredicto es Osiris. Esta posición la tuvo por haber muerto como hombre y resucitado como inmortal gracias a las poderosas palabras de Thot y su cuerpo nunca se putrificó. Fue la primera momia y bajo la forma de aj viajó por el Más Allá, de donde fue Rey y juez de los muertos.

mayo 13, 2019

Autorretrato



¿Quién eres?

No tengo verbo, mi nombre no puede ser invocado.

¿Qué eres?

Mi esencia se esparce en las brechas del tiempo. Soy el hijo de los controladores del universo.

¿Cuál es tu obra?

Mi obra sois vosotros, mi obra es la muerte, el renacimiento. El juicio final que destruirá los pilares, que me devolverá mi reino.

¿Cuál es tu misión?

Ser los ojos del ciego. Ser el escriba de los Dioses. Ser el escriba del diablo.



No somos el nombre, no somos pensamiento, no somos recuerdos. Nuestra vida es un paréntesis más de la existencia, un número añadido al infinito del cosmos. No somos lo que comemos, lo que bebemos, no somos lo que vestimos, ni lo que vemos. Nuestra alma no se alimenta, vive por sí misma. No somos hobbies, ni la música que escuchamos, no somos nada de lo que amamos. No somos todo aquello que marcó esta vida, porque hemos tenido muchos avatares, muchos nombres, muchos cuerpos. No somos carne, ni ideología, no somos religión, ni familia. Lo físico no nos pertenece, es solo una vasija.

Borra todo aquello, y todavía más, porque si esta vida no te pertenece, si este humano, esta piel es solo una de millares, no eres miedo, no eres traumas, no eres culpabilidad. No eres sentimientos. ¿Qué dirías que eres? ¿Cuál sería la palabra que definiera el conjunto de luces y sonidos? ¿Podrías llevar a cabo la tarea de describirte?

Ahora, respóndeme, ¿quién eres?

¿Quién soy yo? No puedo saberlo, pero cada vez que intento imaginar mi alma aparece como un cúmulo de nubes; y estas son siempre oscuras.

Si alguien escribiera un libro sobre mi vida, este debería titularse "El Diablo".

¿Por qué? ¿Por qué ese título endemoniado?

Muy simple, porque yo he vivido su historia

Porque yo he sido rechazado, tantas veces que no podría contarlas, por mis maneras, por mis formas, por mi vestimenta, por mi apariencia, por mi pensamiento, por mi ideología, por cada verbo y cada esencia. Me han apartado de su lado, cuando era inocente, todavía, y solo era sonrisas. Y por mi debilidad, ellos me rechazaron.

Porque yo he sido castigado, demasiadas veces, algunas justas, muchas injustas. Por pensar y ser diferente, por ser un rojo intenso, una mancha de sangre en una tela de seda blanca. Y he sufrido lo indecible, suplicándole a un dios sádico que me ayudara y solo he recibido flores marchitas. Creyendo que no se podía caer más bajo, lo he conseguido y me he hundido en la miseria. Por ser quien soy, por ser, he sido castigado, por muchas manos y dedos que me señalaban, sin ser capaces de señalarse a ellos mismos.

He sido exiliado, de muchas personas que no quisieron escucharme, sino juzgarme antes de oír mis palabras. He sido callado, censurado, porque no repito ni vomito dogmas. He caído, una y otra vez, levantándome cada vez más fuerte, con más decisión en mi diatriba. Mi rostro ha sido objeto de burlas, ha sido el enemigo unánime del pueblo, he estado solo en la oscuridad y la miseria. Y nadie me ha tendido la mano.


Yo no me rindo, resurjo de las cenizas de mi fuego interno, yo me rebelo contra aquello que no creo correcto. Yo me hundiré en el averno sabiendo que jamás me vendí por un beso.



Soy el escriba del diablo y, alguna parte de mí, es él. Pero no aquel malvado que reina en el infierno, no aquella serpiente tentadora, no aquel enemigo acérrimo, no el más odiado, no el maldito, no el soberbio; pero sí el ángel caído, el portador de luz, la serpiente sanadora, el dador de conocimiento. Soy Osiris, soy Prometeo, soy Enki,  soy tierra y soy agua. Porque los daimons, los shedims, los yinnis, pueden ser buenos o malos, pueden creer o no en Dios, pueden ser ayudantes o enemigos.

Y tú, si pensabas que aquel con título demoníaco y cuernos debía ser despreciado, que todo aquel que apestaba a azufre debía ser desterrado, estás equivocado. Las almas torturadas, los cuerpos caídos, son los que más deben ser abrazados.

mayo 06, 2019

Fortaleza de Dios



Eres la última persona que pienso
Cuando hay silencio, y yo lo soy para ti.
Somos esclavos de cuerdas atadas
Mantenidos por solo un amanecer.

Tu voz, la escucho, estoy frente la puerta
Ruinas pronuncias, no paro de reír.
Es tu odio, tu rabia, santa oscuridad,
Fue tan parecida a la mía que yo
No te puedo sino amar.

Hay tantas culpas, lagos del olvido,
Pasivas miradas de los no querer,
Venas muertas despiertan para escupir.
Pero sé que no te puedes desprender,
Y yo sin ti no sabré a quién proteger.

Tú, mi calma única por conocer.
Tú, mi confianza, por qué fuiste el amor,
Ese que no se pierde, no da temor.
Es perfecto contigo, ya caducó.

A quién dar las gracias por dejarte ver,
A quién odiar por alejarte de mí.
Atrás lejano, futuro de anatemas,
Soy el colgado en iras, ya no lo acepta
Si hay sacrificio, quiero ser guerra,
Lo que deseo es ganar.

Podré yo abandonarme de mí mismo
Tú, cada energía que hago vibrar.
Y si formas parte de mi ser y piel,
¡Por los gusanos que tanto envidarán!

Y Dios nervioso de mi inmortalidad,
Tú eres la parca que me va a soltar.
Esa es la ambrosía que les quebrará.

Tú eres mi efebo, lo seré yo de ti,
Más da si eres brujo, me dejo hechizar.
Más da si eres mago, si eres mi rey.
Y espero milenios, si veo otros mundos
Por algo de verdad, lo haré, estarás.

Anubis, ayuda a romper esta fe.
Destrúyelo todo, volver a nacer.
La devastación, tú caos, yo gravedad.
Seremos los últimos en terminar.

Pilares hambrientos no puedo mover,
Ríos de sangre, si te viera llover.
Y si dudas de los te amo, mírame:
Verás que nunca dejaré de hacerlo
Por muchos astros que me atreva a tocar.
Serás el dueño, llevaré tu nombre
Aun no lo diga jamás.

Tan fría nevada, quemas sin cesar
Invierno de infierno, eres mi voluntad.
Si quiero eternidad, te voy a mirar.

abril 29, 2019

El Invencible



Y por qué del suelo eres dueño,
Y yo ni puedo mover los mares.
Por qué soy el dios que detesto,
De tempestades.
Por qué no tiemblas ante mis rayos,
Si soy el que decreta las edades.
Y por qué no te llenas de barro,
Por los hijos de mis calamidades.

Y por qué, por qué
Por qué, por qué,
Por qué, Dime por qué,
Por qué, Dime por qué,
Por qué, Dime por qué,
Por qué

Y cuándo entenderás que soy viento,
Que soy albatros, y volar.
Y cuándo dejarás el puerto,
No sé si sabré como escapar.
Cuando navegarás incierto,
Para dejarme de torturar.
Y cuándo pararé de andar,
Mis alas, las pudiste alcanzar.

Y dónde está el límite, no se ve,
Razones de nada.
Y dónde están los ríos de calma,
No quiero cascadas.

Dónde encontraré, la voz y ven,
Bosque de azar.
Y dónde aclararé la encrucijada,
En cada camino marcho atrás.


Soy sangre que vuela que tiñe paisajes,
Soy guerra, demencia y revoluciones.
Esta es la prueba de esencias que corrompen
Las notas, ellas conforman la cuerda de mi ser.
Soy un tritono que tocas y voy a caer.

No tengo miedo de ser un abismo,
Conozco los océanos desde que nací.
Quiero este tramo pasarlo dormido,
Renacer en otro sitio y perderte.
No serás, nunca, un verbo para mí.

Y por qué fue tu estaca,
Y cuándo volveré a hablar,
Y dónde moriré sin ti,
Pero siempre por tu causa.

¡Qué caigan los hados, castigos!
¡Los fuegos, que quemen mi piel!
Si piensas que esto es martirio,
¡Soy santo lleno de laurel!
Y en aquel sitio que tanto temes,
La corona la llevo yo.
Aunque esté llena de espinas,
Mi sangre es bendición.

Y no sé si odiarte, pero no puedo,
Es tanta felicidad en el desconsuelo.
Y dime por qué, cuándo y dónde.
Dímelo pronto.