El Principito: Análisis



El Principito es el libro favorito de muchos adultos, ya que, a pesar de estar pensado para los más pequeños, llega a calar en los corazones de los mayores. Sucede que su trasfondo tan profundo está diseñado en capas de entendimiento, mientras que un niño no llegaría a completar la comprensión  del libro, un adulto descubriría cosas que no vio antes al leerlo. Por ello, diría que tiene tres niveles de interpretación, como la mayoría de escritos: el literal, el metafórico y el simbólico. De esta manera un niño y un padre pueden disfrutarlo por igual y esta tarea la considero bastante complicada, la de escribir algo que un niño entienda y que a un adulto no aburra.


Se trata de una alegoría sobre el amor. El amor mueve el mundo. El joven Principito marcha a la tierra en busca de algún amigo, de experiencias, de conexión, de una conexión que ha perdido o ha desestimado con su querida rosa en su planeta natal. Así que, este libro trataría de una ruptura amorosa y de cómo el protagonista redescubre su amor.

Simbolismo

Las relaciones amorosas o de amistad: vínculos afectivos

Amar es como domesticar, cuando creas lazos con alguien te responsabilizas de esa persona.

El amor es adaptarse el uno al otro, es crear vínculos. La verdad es que para nosotros como adultos el término domesticar suena bastante negativo, casi a poseer, a dominación, pero para el Principito significa crear lazos, estos lazos hacen a esta persona especial porque habéis compartido momentos. Así que tus amigos te han domesticado y tú a ellos.

Y cuando creas lazos ya no hay marcha atrás, no puedes des-domesticar, no puede dejar de importarte esa persona, porque los momentos no se borran.

Si considero que en las relaciones, los puntos negativos del otro han de pasar desapercibidos por los puntos buenos. Es decir, que no los eliminas, simplemente los apartas y te adaptas a la otra persona con el tiempo. Del mismo modo cuando domésticas a un perro, al principio no te hará caso cuando le llames, puede que ladre o que intente morderte, pero con el tiempo dejara de hacerlo. Esto no significa que ya no sepa ladrar o morder, es que decide dejarlo aparte cuando está a tu lado. Porque ya tenéis un vínculo.

El dolor del amor

Uno se expone a llorar un poco, si se ha dejado domesticar...

El amor, la amistad, la felicidad, tiene riesgos, a veces se sufre, se llora, porque cuando te empieza a importar alguien empiezas a preocuparte por esa persona. Quizá no os veis lo suficiente, quizá está pasándolo mal, pero esto aviva la llama de la felicidad.

Por ello el Principito le dice al zorro que si no sabe a que hora va a venira visitarle "no sabe cuando vestirse el corazón", pero que si le dice a las cuatro, empezará a ser feliz a las tres. Los ritos de los que habla son la manifestación de ese vínculo entre ambas personas. Como despedirse con un te quiero todas las noches.

Los Baobabs:


Son unos árboles que crecen en el planeta del Principito, si crecieran demasiado destruirían su planeta. Esto es muy simbólico, el autor habla de las propias faltas, de aquellas pequeñas cosas dentro de nosotros que nos molestan: los celos, el odio, la rabia, el miedo. Si no arrancamos de raíz nada más surgen, pueden convertirse en poderosos demonios dispuestos a controlarnos, tanto que ya no seremos nosotros mismos, pues estaremos a sus órdenes. Uno ha de cuidar su alma como cuidaría un jardín, arrancando las malas hierbas antes de que crezcan demasiado y se reproduzcan. 

También, esas malas hierbas pueden simbolizar los problemas externos, no solo internos. Debemos cuidar nuestro entorno, sobre todo si estamos en una relación o vínculo con alguien. También puede representar a la sociedad, como algunos son Principitos que arrancan maldades, otros son maldades que destruyen el mundo y otros son rosas en una cúpula de cristal.

La Rosa

La rosa es la mujer, lo delicado, el símbolo del amado. La rosa está para protegerla, tiene espinas pero como menciona el Principito, es pura arrogancia, un escudo muy superficial de orgullo que no le protegerá contra la cabra que se dispone a comérsela. La cúpula es la protección que le da el principito como pareja, pues él es su amado.

A veces quitamos la libertad de las personas para cuidarlas, porque tememos que se escapen, que las dañen. Tememos que nuestra pareja huya si encuentra a alguien mejor, tememos que nuestros hijos sean dañados si escogen un camino equivocado, si andan con malas influencias. Pero la perfecta belleza no se puede contener, porque lo bello de la vida es vivir en peligro, porque esto representa la libertad.

El Principito creía que la rosa era única, es decir, que no había ninguna como ella, pero entonces descubre que hay millones como ella. Y esto le obliga a abandonarla, ya no es lo mismo, porque su rosa no es especial, no es única. Esto quizá lo puedo entender como una alegoría de la virginidad, como no ser el primero es tan importante, ya que el Principito dice que "ella es una cualquiera".

Pero finalmente, tras andar por la tierra como un ángel caído, se da cuenta de que la echa de menos, a pesar de que ella no es única. Y es que lo único, lo que nos hace originales, son los momentos que pasamos juntos. Por ello el Principito decide volver, porque habrá mil rosas, pero ella es especial porque es suya y "se han domesticado", es decir, han creado lazos.


Lo bonito de las cosas es si guardan secretos.

La magia es descubrir, porque aquello que se ve a simple vista es una máscara y si tras aquella no hay nada, entonces la vasija está vacía, la persona no merece la pena. Lo que mantiene un vínculo (una relación) viva es el continuo descubrimiento mutuo.


El regalo es la persona que te lo ofrece

Cuando el narrador le da agua al principito, este queda enromemente agradecido y aquella agua es como ambrosía para su alma. Porque el regalo no es el objeto, sino el cariño que se le pone, el esfuerzo para conseguirlo, el trabajo para construirlo. Lo que se ha de buscar es hacer por los demás, encontrar el esfuerzo que el resto hace por nosotros. Y así tendremos una vida plena.

Simbolismo Conspiranoico

Este análisis es ya más personal, pero es que al leerlo no pude evitar meditar algunos puntos que me recordaban peligrosamente a teorías conspiranoicas. El primer caso es que el Principito dice estar en el séptimo planeta o que cae al séptimo planeta. Para un ser que viniera de otra galaxia, la tierra sería el séptimo planeta, ya que contaría los planetas de fuera adentro.

El hecho de que el principito caiga, que mencione que "ha caminado sobre la tierra", me recuerda mucho al ángel caído o a Satanás. Y no solo eso, sino los símbolos que le rodean, como la rosa o la oveja, el árbol baobab... La rosa es un símbolo del Dios Enki sumerio, al cual se le relaciona con ese satanás o "el que le dio la manzana al ser humano" (O el fuego, como queráis). La oveja se relaciona con el cordero, jesucristo, uno de los avatares (según se cree) de este Dios Enki. El árbol me recuerda al árbol Huluppu, aquel que conectaba tierra, cielo e inframundo en sumeria. En este caso el árbol puede destruir al mundo en el que vive El Principito, tal y como nos dice Inanna en el mito que protagoniza este árbol (aunque el mito tiene una interpretación distinta).

Lo más impactante es la "muerte" del principito, que es como un viaje a otra dimensión. El principito no es un humano, es un ser interdimensional, vive en otra dimensión y al morir le dice al narrador que, aunque vea su cadáver, él está vivo en otro sitio. Al igual que Platón, que decía que no se podía visitar el mundo de las ideas con el traje físico, es decir, con carne, el Principito menciona que le pesa su cascara y que al morir la dejará atrás. El Principito proviene de otros planos.

Pero, ¿por qué solo puede irse cuando aparece su estrella en el firmamento? Como si esta fuera un transporte que le llevará a su planeta natal. La conclusión queda en vuestras manos.


El Final: participación del lector

¿Y tú, cuál es tu final?

Cuando el lector mire a las estrellas decidirá si la flor ha sobrevivido, si el Principito es feliz o no. Porque si el escritor olvidó ponerle correa al bozal nunca podrá ponerselo al cordero y, entonces, se comerá la rosa.

En este caso el autor quiere involucrar al lector en el final, él decidirá si ha sobrevivido la rosa. Es decir, si ha sobrevivido su niño interior hasta la adultez e incluso vejez. Si todavía cree, para el lector la rosa seguirá viva, si ha muerto su interior infantil, su interior imaginativo, su yo más auténtico, entonces la rosa habrá muerto.

Un buen final para un buen libro, que nos da que pensar en cómo a veces dejamos morir cosas en nosotros que jamás deberían morir.


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